Estuvimos acompañando al profesor Gustavo Moncayo en su caminata que ya cumple casi los mil kilómetros y que para la próxima semana estar llegando a Bogotá. Caminamos con él durante día y medio, bajo un sol temperamental y por sobre un asfalto que amenazaba derretirse por el calor. Las vivencias de este recorrido en el que clama por un acuerdo humanitario, sin muchas y muy variadas. Próximamente les entregaremos una crónica en Ver bien Magazín.
La gente lo apoya, lo saluda mientras el pasa, lo admira y lo invita a seguir. Todo el mundo quiere una foto con él. A Su lado, silenciosas y discretas, pero siempre apoyándolo, están sus dos hijas. En sus pies las ampollas son el mejor testimonio del esfuerzo.
La próxima semana esta marcha tenaz terminará en la plaza de Bolívar donde habrá discursos de toda índole, seguramente. ¿Pero qué pasará al día siguiente? Este esfuerzo sobre humano pasará al olvido, y el país seguirá siendo lo que ha sido: territorio de violencia. El esfuerzo de Moncayo, y la marcha multitudinaria del 5 de julio, no se puede detener. Como todas las manifestaciones no debe morir precisamente en la plaza de Bolívar, debe seguir para que los violentos así sea lentamente tomen conciencia, de que no los queremos y que deben cambiar su actitud. ¡Fuerza Colombia!
jueves, 19 de julio de 2007
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